Admito que no sirve de nada
Admito que no me gusta el amarillo
y que prefiero la derecha a la izquierda.
Que hay lunas en mí
más fuertes que todas estas columnas
Admito que soy mujer por insistencia;
alguna vez quise llevar los pantalones
pero me quedó grande la bragueta
y pésimo el uniforme.
Me cansé de las muñecas.
Entonces pretendí a construir senderos,
a destruir edificios
a comer el fruto de los huertos
a sembrar mi propio trigo.
Admito que estuve ausente
cuando mi género necesitó de manos.
Que me dediqué a descifrar
la inoperancia de los besos
y la ineficiencia de unas manos vacías.
Admito que fui hombre
antes que mujer.
Admito que fui mujer
antes que persona
Admito que he descubierto
mi rebeldía
como una sonrisita barata
de inocente chiquilla.



