miércoles, noviembre 14, 2007

Algo sobre mí.


-Cortesía de Leonardo A.

Acá es tarde son las 08:34 p.m. Estoy en casa y tengo frío en todo el cuerpo. No sé por qué, la tarde estuvo cálida. Tenía mucho sueño y cuando me leías sentí esa sensación hermosa de caer en un letargo, en una abismo en donde nunca me doy contra el suelo pues me suspendo en el aire como si algo me sostuviera y cayera más bien lenta y apaciblemente.

Yo siempre tengo algo qué decir, posiblemente es parte de mi personalidad. De alguna manera, aunque no soy una persona charlatana, siempre digo algo, no puedo dejar pasar mis emociones sin dejar un rastro vocálico al respecto. Soy así, y no me va mal, aunque a veces hablar no ha sido la mejor opción. Sin embargo, prefiero decir-me antes que callar-me. Guardarme las palabras tanto como las emociones me vulnera, me debilita, me destruye. Y sí, a veces tampoco tengo mucho qué decir, y lo que es peor, no sé cómo decir lo que siento, cómo expresarme en forma precisa. Soy un tanto torpe.

Hoy tampoco sé quien soy, ni como soy ni cómo voy a morir ni cuántos días de vida me quedan. Pero pienso vivirlos bien. Quiero. Deseo y si algo he aprendido de usted (en realidad son muchas cosas) es a obtener lo que quiero. Me lo merezco, pienso que al menos merezco luchar.

Derrotas? Muchas. Las he sufrido y llorado, como cualquiera, como vos, como el vecino y hasta el millonario en Barrio Amón. Ahora imagíneme a mí, que vivo en este puebluchito de miér-coles ocioso para muchos, de trabajo y cansancio para otros, pues me doy cuenta que soy efímera, pero sigo viva.

Es que usted me hace sentir esa vitalidad, esa sensación de apego a la existencia a pesar del dolor, la distancia y las circunstancias que Dios, el destino o la vida nos han impuesto. Y este camino es largo. Los peregrinos saben de eso. Yo sé, usted sabe. Sabemos.

Y como mujer y ser humano no puedo negarme al sentimiento, a la vivencia del yo, a este cúmulo de sensaciones que me abordan y que a veces no sé cómo gritar. Porque quiero gritar la felicidad de su amor en mí, la emoción de su presencia en mí, la euforia de su mirada en mí, el ansia de su llegada a mí... Negarme sería un error. Como error es ser inconsciente de sus pasos, de sus acciones, de sus hechos para llegar hasta aquí, a este lugar de encuentro, a este punto que es también de partida, porque nos estamos lanzando ambos a lo desconocido, al paraíso que sólo usted y yo podemos ir construyendo. La posibilidad de seguir haciendo algo hermoso.

No es fácil, lo sé. Esa sensación de no saber nada, ni cómo sentir, ni cómo reír, ni cómo llorar. La incertidumbre que da el cambio, la aparente inestabilidad, lo desconocido, los desconocidos, es como una espinita molesta en nuestra planta del pie. Y nunca sabemos como sacarla hasta que la hallamos. Hasta que sabemos el lugar exacto en dónde está. Así es. Yo también la siento. Y quiero que acabe hoy, ya.

Y Aquí espero. Detrás de la ventana estoy yo, esperando que salgas de casa y me mires frente a frente. Lo espero con ansias, con una intensidad casi insoportable; pero sin duda ha valido la pena el simple pensamiento de abrazarte hasta la muerte.

He mirado las bellas fotografías que me enviaste. Son realmente arte y Amor. Son parte de toda la belleza que reunes y eres. Y te pido perdón por las noches que no dejé que tus ojos detuvieran a su hora el reloj, por las palabras de dolor que alguna vez entregué, por lágrimas sin sentido, por tu cansancio, por no entender cosas como tu sueño, tu miedo, tu incertidumbre. Por quitarte la música que amas, por apoyar un sueño hermoso que te separa de ella, la reina, la primera luz en tu vida, por esa cabellera larga y esas mejillas chiquitas y rosadas. Perdón por no llenar todo. Yo que siempre pensé que podía llenarlo todo. No siempre puedo vencer lo sobrehumano. Porque sí, soy efímera, irremediablemente humana. Pero te amo. Y por sobre todo está esta lucha y este camino que he Decido contigo, por mí, por nosotros. Sólo espero no ser egoísta por eso. Que nuestras decisiones nos amarguen es lo que jamás permitiré, no no no no no quiero permitirnos un reproche. Quiero permitirnos la felicidad...porque esa es la meta de mi yo/tú humano. El camino a la Tierra Prometida está cerca, se acerca y casi lo tocamos, no se puede desaprovechar ni un instante, ni una lágrima, ni una sonrisa, ninguna emoción.

Perdón por pedir perdón. Es que desde chica me enseñaron la culpa y no era culpa de ellos enseñarme que uno a veces se reprocha, que uno a veces siente miedo, que uno a veces no se conoce como debe ser.

Sin embargo, decido y lo que me haga sentir mejor es lo que deduzco como bueno, como sano como reconfortante. Estar bien conmigo para estar bien para usted, es parte de lo esencial, es parte del Amor, porque sin valor, sin fuerzas, sin Dios-Amor, sería incapaz de dar un paso más.

Exactamente no sé qué tengo, no sé por qué estoy aquí. cómo llegué, no sé qué sigue ni qué debo hacer, no sé quien soy, no sé nada más que Hoy...este instante, esta decisión.

3 comentarios:

Amorexia dijo...

Meditaciones profundas y poderosas, como observar el monologo de quién; cual loco; habla solo, desnudo y frente al espejo; jalandose los pelos de la cabeza: en lo oscuro, y arregla el mundo, su mundo y submundo (Así lo imagine) Muy buentexto amiga. No es tuyo? Saludos desde mi hora mas oscura.

César R. Lino A. dijo...

La vida tiene tantas cosas bellas y una de ellas es tu blog. Felicidades y Chauuuuuuuuuu

Selkis dijo...

Es hermoso compartir la vida con alguien. La aventura de descubrir el mundo y a nosotros mismos se convierte en algo maravilloso, le devuelve la magia que a veces perdemos por el camino cuando maduramos y nos hacemos adultos. Te ha quedado un escrito maravilloso. Se nota que nace del corazón.