sábado, noviembre 03, 2007

Deseos



Estoy sentada en este bar. Y te miro… atenta y deseosa; ya quiero irme a casa, pero no puedo… mis ojos te miran y tú tranquilo, arreglando el mundo con esos fulanos y con tu novena en el hígado…

Yo aquí, deseando tomarte, abrazarte fuerte y decir que te amo, pero un silencio lúgubre, infestado de reproches frena mis impulsos. Y sigo mirando, lejana y ansiosa, atrás, en la última mesa, en el fondo: el mismo lugar que ocupo en tu corazón.

Sigo mirando impávida y de pronto recuerdo tus caricias largas y tu labio profundo. Deseo que corras a mi cama y me ames como siempre, como cuando aún no sabía que te amaba.

Pero ahí estás, sentado a lo lejos, en la barra azul de aquel bar angosto, avejentado como tú.

De pronto, deseo que pierdas el conocimiento para llevarte a casa, tú con tu carga y yo con la mía.

Tengo una rabia contenida y también una tristeza… Pero nada de lágrimas, ni siquiera un nudo en la garganta, solo deseos… quiero sanarte, borrarte la herida y el rencor que me tienes desde aquel sábado funesto: aquello fue un accidente, una cruel maquinación del destino; si no hubiera sido por mi llamada tú no lo habrías dejado solo, así tan tierno nuestro chiquito, sin práctica del nado.

Yo lo entiendo Gustavo, pero no comprendo tu odio, ese rencor que vienes a nutrir todos los sábados en este maldito lugar, donde te espero rezando para que vuelvas conmigo y me abraces Gustavo, y me digas que me amas y que quieres otro hijo. Tal vez así, solo tal vez, podamos olvidarnos del pasado.

4 comentarios:

wílliam venegas segura dijo...

Es una buena emoción y atinado diseño, por la ruta de la palabra escrita, del amor como contradicción.

Nigger dijo...

trágico, pero expresado de una perspectiva que da miedo...

Amorexia dijo...

Transmites la tristeza y la esperanza vana de manera que ahora no puedo quitarme de encima este pesar. Excelente como siempre amiga.

Argonauta dijo...

XWoman, siempre que vengo me vuelven a cautivar tus cuentos.

Saludos desde el Mediterráneo.