jueves, marzo 06, 2008

A lo largo del camino, una oración.

En este momento, frente a frente podríamos hacernos cientos de reproches, promesas no cumplidas, esperanzas rotas, sueños sin futuro, olvido, desdén. Algún saludo cordial para despistar el silencio entre nosotros; una oración temprana, una lágrima quejumbrosa. Podríamos decirnos la muerte o la vida en un minuto de palabras heridas o frases tristes, pero vos no sos así y yo aún guardo la esperanza, la que te he puesto como ofrenda por todo lo que no hice o dejé de hacer.


Podríamos gastarnos, sí, pero no hay tiempo, estamos en un punto en donde no querríamos dejar al otro botado, ni traicionarnos porque el amor no es cosa que se da y se quita. Lo nuestro es más fuerte,… eras eternas, milenios de existencia que valieron siempre la pena.


Es probable que nuestro recelo se deba al tiempo o al vacío que permití creciera entre nosotros mientras intentabas llamarme a viva voz por los rincones de mi alma. Podríamos entonces, Dios, dejar de mirarnos las caras y ahogarnos en el silencio, pero tampoco eso nos traería la paz.

Y ahora te observo, inmóvil y a la vez tan perfecto, preciso, tanto, que en un instante podrías deshacer el mundo y continuar ahí por unas mil eternidades más. Trato de encontrarme a mí misma hace muchos años atrás, todo lo que era en un tiempo ido, donde tenía una inocencia sobrehumana, una paciencia desbordante, una sonrisa muda para el mundo; donde me encontré con la vida de una manera brutal y errante, desproporcionándome como nostalgia amorfa, sin rumbo ni verdad; me busco más adelante, en el punto de partida, el verdadero instante en el que me reconocí en medio del miedo y el caos, la soledad y la angustia, donde ya no era niña, ni fantasma, ni perfecta. Y me enamoré. Sin preguntar siquiera, me arrebató el ímpetu del pecho, me sobresaltó el inesperado goce de la piel y decidí. Mis acciones me llevaron a la verdad de mi espíritu y de mi carne, una conjugación perfecta, la esencia de mi yo aferrada a una bella posibilidad, al deseo inagotable… porque todo en mi vida tiene calificación y forma.

Empecé a caminar y mi lucha no se ha detenido; mis pasos siguen andando y sus pasos van conmigo y vos aquí sentado, mirándome tiernamente sin tomarme de las manos. Siento el sol que arde sobre mis hombros y va conmigo el precioso vacío de mi amor, inagotable porque emana de mis ojos. Sudamos y amamos juntos a cada paso, desandamos camino y retomamos después de cada beso.

Entonces, cuando me siento un poco cansada, me siento junto a vos, porque vas conmigo aunque no vea tu huella, sé que circulas ágil por el aire o te posas en el ala de algún pajarillo insignificante. Podríamos desistir de continuar juntos, pero vos no sos así y yo no puedo, no quiero. Una palabra tuya, una, para aplacar esta sombra que es el miedo, para seguir el sendero aunque mis piernas sean limitadas; para llegar al paraíso que me has prometido.

Podríamos alargar el silencio, pero ya no quiero postergar mi llegada, de lo contrario esto sería más angustiante que el rumor de la muerte; podríamos, pero sabes como yo lo que mi corazón anhela, porque puedes oírlo.

4 comentarios:

Amorexia dijo...

Cuando la realidad choca copn la añoranza y no aveces parece no haber protocolo diplomático que valgfa, entonces vale la pena acer las cosas bien y dejarse llevar por reacciones que no se basan en la razón.

Amiga, Volví de el silencio.

Leonardo Azul dijo...

me alegro mucho de que se vaya reconciliando con lo que a veces uno qiuere negar. todo camino a sí mismo es camino hacia él, abrir los ojos a la propia dimensión no es más que darse cuenta de nuestra simil naturaleza.

nihilego dice que la ama.

El Entrompe dijo...

me parece un texto peligrosamente sincero y optimista, abrazos...

MP3 e MP4 dijo...

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