lunes, marzo 19, 2007

En la Calle 25


Mario me espera. Ojalá tenga esos ojos verdes que siempre aparecían en mis sueños de adolescente. Ahora que tomaremos el té en la Calle 25, sé que sólo esos ojos me darán la respuesta que necesito para saber si mi destino está escrito con alguna pluma.


Fue mi mejor amiga y jefa quién me habló de Mario, quién nos contactó por teléfono. A mí me gustó su voz desde el primer momento en que la oí. Tardé mucho en aceptar un encuentro con él, pero Mario tuvo paciencia.


Nunca me había visto y no parecía interesarse en mi aspecto. Él era mucho más seguro. Dijo sentirse impresionado desde la primera vez que nos hablamos. Yo no entendía cómo un medio tan impersonal como el teléfono podía haberlo obsesionado de esa manera. Hablamos durante un año, mientras tramitábamos desde la distancia los embarques y mi matrimonio se venía a pique.


Detestaba mi vida. Nunca realicé mis sueños, jamás hice lo que quise. Me casé con la vana ilusión de llenar mis vacíos y nunca tuve oportunidad de defender mis criterios.


Cuando supe que era estéril ya nada tuvo sentido. ¿Hijos? Realmente no me interesaba tenerlos, pero él los ansiaba. Mi “sequedad” femenina terminó por cansarlo y tuve que salir de mi propia casa.


Luego llegó mi trabajo, esta oficina, y Mario.


Supe que ya no le quedaba más esperanza a mi vida que este encuentro desesperado. Tantas horas sin descubrir qué sería de mí si seguía con esta vida de desaciertos. Yo sentía que para algo debía haber nacido, pero no sabía para qué.


La vida misma se me había hecho una incertidumbre. Ahora que conocería a Mario sentía mucho miedo de que me viera, no quería que al verme decidiese marcharse para siempre. O quizá era eso lo que deseaba, acabar con esto de una buena vez y seguir con mi vida tal cual era.


Odio las complicaciones. Las simplicidades me hacen feliz o tal vez no, tal vez me hacen sentir libre. Ahora con Mario percibía que se me complicaría la vida; deseaba tanto verlo y deseaba tanto escapar....


Antes de llegar miraba mi reloj desesperadamente pensando que el autobús tardaba demasiado, me asustaba llegar tarde o quizá temía llegar.


Ahora lo veía allá, sentado de espaldas en la mesa 14. Era él porque traía un saco negro, justo como me indicó que haría. Me acerqué…


-¿Mario?...


Finalmente me encontré en su mirada. Me regocijé en sus ojos verdes y ya no tuve miedo. En medio de su oscuridad ocular supe que había algo más que seguir con esta vida de miseria.


Justo ahí supe que Mario es ciego y no puede ver mis fealdades internas, mis reproches absurdos, mis lamentos mezquinos. Ahora sé que debo salir de este hoyo, de las complicaciones inventadas, y simplemente darle un beso. Ahora sé que nací para este momento.


10 comentarios:

Oscar dijo...

-¿Mario?...
Dijo muy cerca la voz que ya él desde hacía mucho conocía. Antes de ese momento solo la había escuchado reproducida por el teléfono. Hoy, a su lado era mucho más melodiosa y juguetona, llena de matices y sutiles tonos que le insinuaban quién y cómo era ella.
Mario se puso lentamente de pie y extendió sus manos hacia adelante con cautela hasta que tuvo entre ellas el rostro de Marianela. Sin decir nada aun, recorrió cada centímetro de esa faz con las llemas de sus dedos, mientras la imagen que de ella tenía en la mente -imagen pura y sin preconcepciones, porque Mario no estaba atado por los prejuicios de la vista- se iba confirmando gradualmente.
-Sí. Soy yo. ¡Hola, Marianela, amiga mía!

xwoman dijo...

Oscar!
Gracias por venir!!!
;)

Hombre Azul dijo...

Detestaba mi vida. Nunca realicé mis sueños, jamás hice lo que quise....

Esto me recordó mucho a mi. Ojalá me obsesione alguna vez con alguna María que vea con los ojos del corazón y no con los ojos naturales, una que no le importe mi esterilidad de amor...

Xwoman, gracias por el abrazo que me dejaste en mi blog!! Se aprecian mucho tus visitas.

Hombre Azul dijo...

Por cierto, me llegó mucho este post!!!

Gracias por escribirlo.

Wenuan dijo...

Gracias por tus siempre dedicadas palabras, son como un pequeño nido verde, instalado en medio de la sequedad de mis ramas huachas y mestizas.
Hace tiempo no te visitaba, sucede que cada vez que toco la puerta, alguien me indica que no has regresado a casa o que has tardado luego de andar entre tanto mar y cielo cazando tus propias poéticas, pero no importa, felizmente veo que algo de esas ausencias traes siempre a tus letras, a este rincón (único domicilio conocido por mi, único que puedo visitar de tanto en tanto). Siempre tengo la necesidad de volver, ya te había contado que sigues mis pisadas desde un rincón que ya está a más de una año de distancia, bien por mi, bien por ti no olvidar las lealtades, sobre todo esas que se gestan en los papeles del tiempo, las fronteras y la distancia que aunque un poco gris, termina teniendo un saborcito a menta fresca.
Un beso
Doña Marce.

Wenuan dijo...

Por cierto, buen texto, me atrapó tu relato, sería mucho pedir que me enviaras algunos poemas tuyos para leerlos con la calma que se merecen?

mal de patria dijo...

WOW!!! La felicito. De verda vale la pena visitarte... Sigue así.

Buitre Desahuciado dijo...

"Odio las complicaciones. Las simplicidades me hacen feliz o tal vez no, tal vez me hacen sentir libre. Ahora con Mario percibía que se me complicaría la vida; deseaba tanto verlo y deseaba tanto escapar...."

Nada más ponele María en lugar de Mario y es como si yo lo hubiera dicho.

xwoman dijo...

Buitre, me dejaste tarea... ehh!
Me encantan los resto, y es que mira que es bien duro hablar de uno/a mismo/a

:)

Amorexia dijo...

"sé que nací para este momento" Wow!! encerrate en una frase todo el significado de el encuentro, de cada cosa que te llevo hasta ahí (a ti o al personaje) simplemente me detengo, miro a esa pareja en el café, que hermoso lo guia ella a él, y como ella encuentra en su mirada ciega lo que a él le regocija su cercanía. Excelente. Te felicito! me encanto! sabés una cosa? estas linkeada!!!