¿Comunidad?
Yo pensaba que ser comunidad implicaba una unidad, precisamente la unión de varios en un fin, lugar o ideal común.
En algún momento sentí que la casa azul estaba llena de ingenio y jovialidad, de buenas caras y lugares especiales para compartir algo más que la mera literatura de la que muchos éramos meros aficionados (los hay sumamente talentosos, claro).
No dudo que todavía exista un poco de ese espíritu y me queda claro que siempre hubo discrepancias, malos entendidos y malas intenciones, pero también siento, creo, que realmente hemos caído en un estado de apatía, donde es más importante refutar que acordar, dominar que compartir, agredir que conversar, molestar que analizar. Nos empeñamos en aislarnos, en ser parte de algo por un mérito individual y no comunitario.
No creo tener la voz moral para decirle a nadie qué hacer o cómo actuar, de ninguna forma. Pero puedo ver, darme cuenta de lo que he hecho o nunca hice, de cuánto me importa este espacio, o si me importa al menos un poco; quizás nunca fue la casa azul, sino las personas, verdaderas personas que la habitaron, los recuerdos de todas ellas, los mismos recuerdos que guardo y como dice Granada, también revivo.



