
Uff, uno de esos días pesados: con sueño, con tos, con calor, con nostalgia, con el jefe... MEP, sí, el confisgado MEP de pacotilla. Mi mamá diría
"mijitaa, no sea así, agradézcale a Dios que tiene trabajo". Pero es que a mí no me entra ya la esperanza con nada. La esperanza de que el sistema cambie, de que la educación no sea más un medio de desinformación, de que los estudiantes piensen o siquiera deseen querer pensar, porque ya ni eso. No es que los subestime, es que los critico por apáticos y por severamente conformistas (por supuesto que no todos son así-gracias a Dios!-)
Y bueno, sí, hay días en los que uno sale contento del trabajo. Hoy, después de todo, no salí tan mal, y ya en el taxi llevaba yo una sonrisa de oreja a oreja y zas!! El disco rayado: "-¿Y cuánto tiempo estuvieron de vacaciones?-" Dijo el taxista.
Abrí los ojos como boca de cocodrilo y lancé un super y recargado: -¿QUÉ?
"Definitivamente este no es mi día", pensé. El taxista puede estar seguro de que en la vida le llamaré para un aventoncito que gracias a mi trabajo le pago, a duras penas, claro, porque al MEP a veces le da por no pagar bien. Estuve tentada a darle una grossa explicación sobre las razones de la huelga, sobre el derecho constitucional que tengo de defender mi trabajo, mi profesionalismo, mi aumento (sí, ¿por qué no?) y las matadas en la U. Porque claro, la gente se cree que a uno le regalan el título, que ser profesor es como mascar chicle y eso se lo debemos a las universidades privadas que sacan docentes que no saben ni en qué año nos "independizamos". Todo mal.
Estuve tentada a dejar la cortesía de lado, a abrir mi bocota, pero no, me ganaron la delicadeza y las buenas costumbres (ejemm) y pensé en dejar las palabrotas para el blog (jejejeeejej)
Es una pena que la gente siga tan desinformada y yo tenga que pagar por ello. Pareciera que es más importante estrenar telenovela, ver al oso panda que hace piruetas y sufrir por los ex-posibles jugadores de la ESE que mirar, atender, criticar o solucionar lo que verdaderamente importa.
Vivimos en el opio de la información mediatizada, la politiquería y la farandulilla que ahora también baila y canta. Y nuestros estudiantes reproducen estos patrones; se desviven en un mundo de tecnologías, IPod, celulares y demás chunches que los mecanizan. ¿Dónde está ese anhelo por ver más allá de sus narices, las ganas de buscar soluciones a las problemáticas del contexto que les rodea, de disfrutar de su juventud con entusiasmo y no con tanta pereza?
¿Cuándo llegará el día en que los docentes dejemos de ser los obligados altruistas que deben defender la educación nacional mientras muchos aún no gozan de sus salarios, cuando tenemos que ir a las oficinas del MEP casi como mendigos a pedir lo que por derecho nos corresponde, cuando se nos trata con indiferencia y desconsideración después de 4 horas de hacer fila para un simple trámite?
Eso es lo que hace que a uno, de pronto, le de por pensar que tuvo un mal día.