martes, mayo 27, 2008

El ojo

Ese ojo inmenso es el que nos ve a través del tiempo y de los años que alguna vez fuimos.

Todos aquellos ocasos que tentábamos para entreabrir las piernas y perecer entre cristales dañinos para el corazón. Ese ojo nos miraba inquisidor por nuestras propias heridas y sangrábamos porque jamás intentamos escapar.

Somos como una foto añeja o una carta que nunca se despide, porque nuestros adioses estarán incesantemente recordándonos lo que ya no somos. Nuestras manos serán por siempre retoños de hojas secas, marchitas por el invierno, porque los amores también nos secaron un poco las caricias.

Esa mirada constante e indulgente es una cicatriz que aún nos pesa en la piel. Hemos muerto tantas veces pero tenemos el privilegio de recordar aún nuestras vidas, cuando estábamos abiertos al suicidio pero no lo sabíamos y el amor era una gota que destilaba ácido sobre nuestros pechos.

Éramos voces, quizás fantasmas ahuyentando el silencio o la última esperanza de un niño. Quizás fuimos más nostalgia que deseo, quizás éramos una nada sin preguntas.

Ese ojo, amor, es pasado pintado sobre el lienzo; tus manos agitándose sobre otras pieles, mis lágrimas insensatas y perdidas. Es la ironía de no estar nunca solos, siempre frente a frente como ciegos. Todo este tiempo fuimos cuerpos sin muerte, ni hastío.

jueves, mayo 22, 2008

Sacrificio


Las cosas no andaban bien y mi amante no parecía despertarse. Inquieto y sudoroso, estaba mojando la cama. No era mi malestar estomacal o la resaca de hace días, o esa desosegada noche calurosa. Era la conciencia lo que me estaba matando.

Manoseaba constantemente sus manos heladas y sus mejillitas de puta me resultaron insultantes. A medida que avanzaban las horas mi asfixia crecía y por más que hinchara los pulmones sentía que se me iba el alma.

Tanto amor desperdiciado. Yo no iba a cambiar nunca, ni por afectos, ni por tetas, ni por nada. Yo era como un tronco y tronco seré hasta que las malditas Erinias vengan a reclamar los placeres vendidos a tantas formas de miedo. Yo sería siempre el mismo monstruo y mis acciones, reflejos extraños de un yo escondido entre la gente.

Podía sentirla herida e impávida sobre mi cama; pensé en los sacrificios habituales para encontrar la luz o siquiera sentido a lo que soy, pero no obtuve respuestas. Luego de un esfuerzo absoluto por superar el silencio, decidí salir de madrugada a buscar otra oveja perdida.

domingo, mayo 18, 2008

Mi marido*

Sí, Juan González Loría es mi marido. Nos casamos pensando que la luna es de queso. Y vea señor, al principio todo era una luna llena, pero luego se nos fue vaciando.

Yo conozco bien a mi marido y sé que si aquí estuviera se acordaría del vestidillo que me arrancó allá, en Puntarenas, con ese me conoció un domingo y desde ahí no pudo quitarme la vista. Pero como le decía, todo sucedió una tardecita de esas, en que el sol se pica y de pronto se esconde. Me dio un calor y después un escalofrió de esos bravos que hay que quitarse de encima. Así, le parí tres hijos, dos morenos y uno machito. Pero ni eso lo sensibilizó. Siguió siendo el mismo, las mismas manías, las mismas palabras, las mismas manos y luego ¡las putas promesas que me tenían harta!

Es que mire señor, vivir con Juan, con mi Juan, nunca fue fácil: primero las caricias jadeantes y luego la sangre hervida, más tarde el sexo de una hora y por último la escena que tanto temía. Más de una vez al hospital y nunca dije nada. Me venía con aquella vergüenza de que me vieran los chiquitos o mi madre. Y luego mis excusas, que Juan es bueno, que Juan me ama, estúpidas mentiras que nade creía. Pero es que señor, yo lo amaba porque al verlo me temblaba el cuerpo y me paralizaba, eso sólo el enamorado lo siente, porque a mí me enseñaron que el amor es una parálisis completa y con Juan yo la sentía.

Usted dirá señor, que mi relato no lo convence pero si Juan esta ahí, donde lo tienen, es porque se lo merece. Eso le pasó por posesivo, por grosero, por abusivo. Nunca me dejó tener viada propia, ni amigas, ni diversiones, sólo cocina y cama, chiquillos y cocina. Así me desenamoré.

Luego me puse rebelde y me escapé por un tiempo. Lo malo fue que nos encontró. Le vi una furia incontenible en los ojos. Sin duda, no entendió mis razones ni las de mi compañero aquí presente. Se me vino encima y no tuve más remedio... la sangre, su grito y de nuevo aquel terror al verlo chispeante, por ese terror señor, es que decidí venir a verlo, a entregarme…

Y le pido, señor juez, que lo deje ahí en esa cama fría y que se pudra. Ya yo no lo recuerdo como antes y mis hijos entienden lo que he hecho. Haga de mí lo que quiera y que Dios me ampare.
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*Un textito de hace mucho. Saludos al Tite.

lunes, mayo 12, 2008

Ausencia


Ausencia...
dictadura, nostalgia.

Aprisonas mi pecho,
caprichosa herida del infinito.


*Edición fotográfica de NihilEgo.

Amores incompletos

Tite,



Gracias a todos esos amores incompletos hoy somos estos, amantes amigos, los mejores. Gracias a ellos porque tengo lo mejor de ti; gracias a ellos porque soy lo que debo ser para los dos.

Gracias a todo el dolor que nos causaron, estamos más vivos que ayer.

miércoles, mayo 07, 2008

Hay días que...

Uff, uno de esos días pesados: con sueño, con tos, con calor, con nostalgia, con el jefe... MEP, sí, el confisgado MEP de pacotilla. Mi mamá diría "mijitaa, no sea así, agradézcale a Dios que tiene trabajo". Pero es que a mí no me entra ya la esperanza con nada. La esperanza de que el sistema cambie, de que la educación no sea más un medio de desinformación, de que los estudiantes piensen o siquiera deseen querer pensar, porque ya ni eso. No es que los subestime, es que los critico por apáticos y por severamente conformistas (por supuesto que no todos son así-gracias a Dios!-)

Y bueno, sí, hay días en los que uno sale contento del trabajo. Hoy, después de todo, no salí tan mal, y ya en el taxi llevaba yo una sonrisa de oreja a oreja y zas!! El disco rayado: "-¿Y cuánto tiempo estuvieron de vacaciones?-" Dijo el taxista.

Abrí los ojos como boca de cocodrilo y lancé un super y recargado: -¿QUÉ?

"Definitivamente este no es mi día", pensé. El taxista puede estar seguro de que en la vida le llamaré para un aventoncito que gracias a mi trabajo le pago, a duras penas, claro, porque al MEP a veces le da por no pagar bien. Estuve tentada a darle una grossa explicación sobre las razones de la huelga, sobre el derecho constitucional que tengo de defender mi trabajo, mi profesionalismo, mi aumento (sí, ¿por qué no?) y las matadas en la U. Porque claro, la gente se cree que a uno le regalan el título, que ser profesor es como mascar chicle y eso se lo debemos a las universidades privadas que sacan docentes que no saben ni en qué año nos "independizamos". Todo mal.

Estuve tentada a dejar la cortesía de lado, a abrir mi bocota, pero no, me ganaron la delicadeza y las buenas costumbres (ejemm) y pensé en dejar las palabrotas para el blog (jejejeeejej)

Es una pena que la gente siga tan desinformada y yo tenga que pagar por ello. Pareciera que es más importante estrenar telenovela, ver al oso panda que hace piruetas y sufrir por los ex-posibles jugadores de la ESE que mirar, atender, criticar o solucionar lo que verdaderamente importa.

Vivimos en el opio de la información mediatizada, la politiquería y la farandulilla que ahora también baila y canta. Y nuestros estudiantes reproducen estos patrones; se desviven en un mundo de tecnologías, IPod, celulares y demás chunches que los mecanizan. ¿Dónde está ese anhelo por ver más allá de sus narices, las ganas de buscar soluciones a las problemáticas del contexto que les rodea, de disfrutar de su juventud con entusiasmo y no con tanta pereza?

¿Cuándo llegará el día en que los docentes dejemos de ser los obligados altruistas que deben defender la educación nacional mientras muchos aún no gozan de sus salarios, cuando tenemos que ir a las oficinas del MEP casi como mendigos a pedir lo que por derecho nos corresponde, cuando se nos trata con indiferencia y desconsideración después de 4 horas de hacer fila para un simple trámite?

Eso es lo que hace que a uno, de pronto, le de por pensar que tuvo un mal día.

jueves, mayo 01, 2008

Respuestas

Estas horas sin ti, estos instantes sin ti son como un grito en mi espalda y regreso al tiempo en el que no teníamos ni manos, ni momentos, ni más que 30 horas para entregarnos compleatamente.


Tengo nostalgia porque no tengo respuestas. Pero vos me dirás: ¿quién las necesita "si yo la quiero y ud me quiere"? ¿quién necesita respuestas cuando son solo los faunos y las ninfas los que deambulan por estos bosques? ¿quién, Marce, quién?

Entonces mis ojos miran realmente y mi piel deja de sentirse sola y perdida en la intimidad o verdad de tus palabras. No necesito respuestas cuando estamos juntos. Nuestros cuerpos carecerán del contacto diario, de la tibia madrugada de nuestras pieles, pero nunca sentirán frío nuestras almas.

¿Cuántas batallas hemos presenciado? y ¿cuántas entonces, serán las lunas que caigan sobre nuestros rostros aturdidos? No lo sé, como tantas mañanas sin respuesta, como tantos días añorándote, esperando que la impotencia deje de nublar mi camino o las circunstancias sean diosas benévolas con nuestros pasos.

Durante estas horas si ti, amor, espero que al final del camino, la eternidad sea una y verdadera.