Redonda... es una forma
-Mi vida, vos estás en forma.
-No!, no estoy en forma!
-Sí amor, en forma... redonda.
"Redonda es una forma" me decías al mirarme con esos ojos verdes inmensos; mientras se manifestaba en tu rostro una sonrisa pícara, ésa que tanto me gusta.
Por muchos años viví peleada con la idea de la redondez, ¡que cosa más horrible! ...pensaba. Compré la banal idea de lo rectilíneo, de las formas estilizadas como modelos de perfección.
Pero vos me desencajas: "Redonda es una forma..." ¿Cuál hombre no ha escuchado frases como "ayy estoy muy gorda", "es que tengo llantas", "estoy a dieta"? Los pobres tienen que calarse un discurso inventado para justificar nuestras frustraciones e inseguridades por... la forma.
Y es que la forma se ha convertido en el dilema, como si fuera en sí misma lo más importante, cuando en la esencia del alma radica la verdad.
Los modelos de belleza que nos imponen los medios de comunicación prostituyen nuestra perspectiva de lo hermoso, la verdadera sutileza de lo femenino. La identidad de la mujer se ha convertido en cosa del mercado: 90, 60, 90, y para los menos exigentes “buenas tetas y un culazo”.
El imperio del consumo vende un paradigma y nosotras sufrimos por ello. La libertad de nuestro cuerpo se ha visto avergonzada y el espejo se ha vuelto un enemigo. Es una pena que otros nos digan que una forma nos da la felicidad, cuando a la hora de la hora no hay mayor placer que expresar el amor también con el cuerpo.
”La mujer debe ser redonda”, dices y yo sonrío. Redonda la barbilla, la cadera, los senos que se balancean con natural rebeldía, los labios delicados, el párpado extendido, el trasero, los muslos y el vientre suave.
Y al escribir esto me he dado cuenta de algo importante… tu corazón es tan redondo como mi cuerpo femenino.







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